El cuidado de la salud intestinal, el aporte adecuado de nutrientes y la reducción de estímulos inflamatorios pueden favorecer la regulación emocional, la atención y el bienestar general. Siempre se trabaja de manera progresiva, respetando la selectividad alimentaria y acompañando a la familia, evitando que la comida se convierta en una fuente más de tensión.
Inflamación y salud en la adultez: una mirada integradora
En la adultez, especialmente en mujeres entre los 30 y 55 años, la inflamación suele manifestarse de forma más compleja. Trastornos digestivos funcionales, alteraciones tiroideas, enfermedades autoinmunes, síndrome metabólico, endometriosis, dolor osteoarticular, ansiedad o fatiga crónica no aparecen de manera aislada, sino que muchas veces comparten mecanismos comunes.
Desde la MEV, no se prioriza una patología por sobre otra, sino que se aborda el terreno inflamatorio que las conecta. La alimentación antiinflamatoria acompaña la salud intestinal, modula la respuesta inmune, colabora con el equilibrio hormonal y puede mejorar la energía y la claridad mental. No se plantea como un abordaje restrictivo ni permanente, sino como un camino que se ajusta, se revisa y se flexibiliza según la evolución de cada persona.
Alimentación y estilo de vida: un trabajo en equipo
Es importante entender que la alimentación, por sí sola, no alcanza. Su verdadero impacto se potencia cuando se integra con el descanso adecuado, el manejo del estrés, el movimiento consciente y el acompañamiento emocional. Desde la Medicina del Estilo de Vida, estos pilares se trabajan de manera conjunta, porque el cuerpo no funciona por partes aisladas.
El acompañamiento desde Espacio FloreSer
En Espacio FloreSer, la alimentación antiinflamatoria se aborda como un acto de cuidado, no de exigencia. Cada propuesta se construye escuchando la historia, los hábitos, las posibilidades reales y el momento vital de cada persona o familia. El objetivo no es alcanzar un ideal, sino generar cambios sostenibles que permitan habitar el cuerpo con más bienestar, energía y calma.
Florecer, muchas veces, no implica hacer más, sino aprender a nutrirse mejor, con información, acompañamiento y sin culpa.
Por Maria Victoria Alomar

